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Capítulo XIV Varias teorías

minoría, pero el sentido común y la experiencia cotidiana bastan para demostrar que no afecta a la masa.

De las causas de fricción, incluso de aguda fricción, que he enumerado en páginas anteriores, está el hábito del secreto, está el mutuo desprecio, surgido en cada uno a partir de un sentimiento de superioridad sobre el otro; está el conflicto entre lo que es nacional y lo que es internacional, entre lo que es nuestro y lo que es ajeno.

Hay, en una palabra, abundantes elementos que sugieren un antagonismo accidental, pero de antagonismo intrínseco no hay pruebas —no hay pruebas, quiero decir, de que los judíos todavía desearan destruir una sociedad en la que se sintieran a sus anchas—.

Y, si nos examinamos a nosotros mismos, nos convenceremos igualmente de que por nuestra parte no existe un deseo correspondiente de inferir un daño al judío. Nosotros también estamos exasperados por el recuerdo de insultos en momentos de disputa, de acciones internacionales contrarias a nuestros intereses nacionales y de fricción entre lo nativo y lo ajeno; pero eso es muy distinto de un antagonismo permanente y necesario.

Sé muygetKey bien que lo que se llama «pensamiento moderno» le concede a la parte inconsciente del hombre un lugar importante y reduce, tanto como puede, el campo de la razón. No puedo estar de acuerdo con ello. Me parece que el hombre es esencialmente racional; y sus relaciones políticas pueden disponerse de manera consonante con su moral consciente y su lógica consciente.

De todos modos, si no pueden, se acaba toda habilidad política y toda acción política útil, incluso en los detalles.

A continuación, están las dos actitudes opuestas ante la cuestión que ciertamente están afectando, la una a un público cada vez mayor de nuestro lado y la otra tal vez a un público interesado aunque secreto del

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