y, por tanto, hostiles o indiferentes al resto de la humanidad. Pero mi razón para rechazar no solo las exageraciones de esta idea, sino su implicación fundamental, es que me parece prácticamente imposible. Connota capacidades por parte judía, una voluntad continua por parte judía, ambas ausentes de manera evidente. Y no hay más que mirar la historia para ver que, mucho antes de que las cosas lleguen a algo parecido a una lucha por la supremacía, es el judío quien más sufre por la sospecha de albergar tal designio, no nosotros. En verdad, ese es uno de los elementos importantes de la peligrosa situación que se ha creado hoy en día.
Ese numeroso y creciente sector de hombres que temen tanto la dominación judía, y que reaccionan con vigor contra los judíos bajo la influencia de ese temor, tiene muchas más probabilidades de terminar cometiendo una injusticia contra el judío que de caer en una actitud de servilismo hacia él. De este ambiente han surgido las grandes desgracias del pasado. Es fundamental para cualquier solución que este estado de ánimo sea exorcizado tanto por un lado como por el otro.