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CAPÍTULO III LA FASE ACTUAL DEL PROBLEMA

la tradición nacional en su conjunto; incluso se ha dicho —pero se ha negado, y no sé dónde reside la verdad— que los judíos estuvieron entre los culpables del peor incidente que ahora conocemos en todos sus repugnantes detalles: el asesinato de la familia real rusa —padre, madre e hijas, y el desafortunado y enfermizo heredero, el único varón.

Además, es imposible que, estando los comités judíos de este modo al control del tesoro ruso y de los medios de comunicación rusos, no hayan sentido cierta simpatía hacia sus compatriotas, quienes controlaban en gran medida las finanzas occidentales. Por muy sincero que sea su aborrecimiento del capitalismo (pues probablemente en la mayoría de ellos esta opinión se sostiene con suficiente sinceridad), está en la naturaleza de las cosas que alguien de su sangre y de su misma condición, por muy equivocado que puedan juzgarlo, les resulte más afín que alguien de los nuestros.

Y es esto lo que explica la semialianza que se encuentra en todo el mundo entre los financistas judíos, por un lado, y el control judío de la revolución rusa, por el otro. Es esto lo que explica la tibieza de la defensa contra el bolchevismo, la protesta comercial perpetua, las negociaciones continuas, el reconocimiento del Sóviet por parte de nuestros políticos, el clamor del «Laborismo» a favor del industrialismo judío alemán y en contra de Polonia: todo lo que ha ocurrido allí donde las finanzas judías son poderosas, particularmente en Westminster.

Pero, sea como fuere, la tremenda explosión que llamamos bolchevismo llevó la discusión del problema judío a un punto crítico. Las dos fuerzas que hasta entonces habían frenado el debate sobre dicho problema eran, en primer lugar, esa ficción liberal que había imperado durante más de una generación, según la cual era indecente siquiera mencionar la palabra judío o sugerir que existía alguna diferencia entre el judío y aquellos que lo acogían; y, en segundo lugar, el hecho de que los judíos fueran considerados erróneamente por la mayoría de la gente acomodada en

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