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Capítulo XIV Varias teorías

admitir una paradoja de fracasos previstos y nuestro deber, a pesar de ellos, de apuntar a un bien político.

Ya sea verdaderamente cierto o no que la reconciliación es imposible y que a la larga la disputa deba prolongarse, es sin duda profundamente inmoral contemplar el espectáculo sin intentar mitigar sus males.

Existe de nuevo la teoría (que menciono de pasada y dejo a sus adeptos) de que los británicos y los judíos están de algún modo misteriosamente aliados por la Providencia, de modo que cualquier solución que no dé la más completa satisfacción a Israel (sin importar a qué costo para el pobre Jafet) es una traición.

Esta gente considera místicamente a Gran Bretaña como la sierva de los judíos, y hay un sector de ellos que además considera a sus propios compatriotas como las diez tribus perdidas. Tengo en mi biblioteca algunos ejemplares de su literatura.

Existe una teoría opuesta y, para mí, detestable (pero debo mencionarla porque existe), según la cual el antagonismo que hasta ahora se ha hallado perpetuamente, ya sea latente o activo, entre este pueblo y el mundo que los rodea, es el uso del uno como un opresor necesario y divino del otro.

A quienes sostienen tal teoría solo puedo responderles que a ese juego pueden jugar dos, y ciertamente eso exime a aquellos a quienes pretenden oprimir de cualquier obligación de buscar una solución por su parte. Si un hombre cree que puede hacer daño a Israel deliberadamente, sin sufrir los reproches de su propia conciencia, está en un error; y confieso que, de sopesar la libertad (como no la tengo en un libro de debate y argumentación) de entregarme a la mera afirmación, estaría inclinado a decir que aquellos que se proponen este notable objetivo se llevarán una buena sorpresa.

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