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Capítulo XIV Varias teorías

Recuerdo una vez haber escuchado un discurso de lo más elocuente pronunciado en el curso de un debate en el que, con esa larga memoria que es característica de su pueblo, un israelita declamó apasionadamente la gratitud de ese pueblo hacia san Bernardo, quien salvó de la furia popular a su remanente a orillas del Rin.

Recuerdo también cómo otro, en un debate (pues he asistido a muchos de estos a lo largo y ancho del país y he escuchado desde tantos aspectos como es posible cuál es la actitud judía hacia nosotros), declaró simplemente, en respuesta a mi descripción de la situación financiera judía en este país después de la Conquista: «Su catedral, sus abadías y hasta sus castillos fueron construidos con nuestro dinero».

La frase era reveladora de cómo aquello que la comunidad inglesa de la época consideraba un abuso tolerado —aquellas fortunas que ellos jamás pensaron que fueran judías en absoluto, sino dineros injustamente arrancados de forma temporal al pueblo en general— era visto en la judería contemporánea como propiedad privada legítimamente adquirida y poseída en su totalidad.

Quisiera a este respecto que algún judío culto redactara una Historia de Europa desde el punto de vista de su pueblo: quiero decir, un breve libro de texto destinado a nuestro consumo; para mostrarnos a nosotros mismos desde un punto de vista muy distinto al nuestro.

Puede que tal libro exista. Estoy seguro de que sería más útil que esos ataques indirectos (porque son ataques) contra la tradición cristiana que fingen un espíritu de imparcialidad, pero que no por ello dejan de ser hostiles a dicha tradición en cada línea.

Preferiría mucho más leer la historia de Europa tal como la veía un erudito judío practicante que un relato llamado imparcial y agnóstico que presenta grotescamente a la Iglesia como algo ajeno al cuerpo de Europa e incluso enemigo de ella.

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