Exasperó a hombres que ya habían empezado a interesarse por el debate político y que no toleraban el ridículo inmerecido. Amontonó un mundo de oposición decidida contra los judíos. No es exactamente que el antisemita ya haya ganado o esté siquiera con certeza en camino de ganar, pero ahora tiene la oportunidad de ganar. Mientras que, hace unos pocos años, tenía la marea en contra, ahora se encuentra, por culpa de los propios judíos, en el punto en que esta cambia. Ahora se halla en un ala extrema, es verdad, pero adherido a un cuerpo muy numeroso que ya está fuertemente predispueto en contra de los judíos, le disgusta su presencia entre nosotros y está decidido a actuar contra ellos, no solo allí donde todavía tienen un gran poder, sino también donde ese poder está visiblemente en declive, e incluso donde se encuentran en peligro.
No debe olvidarse, al examinar esta creciente amenaza, que una política que no alcanza una conclusión definitiva no es por ello inútil. No debe olvidarse que en la mente de muchos hombres (podría decirse que en la mente de la mayoría de los hombres) durante los períodos de agitación, una política de represión, aunque siempre fracase en su intento de llegar a un final, puede aun así ser continua: puede convertirse en un hábito y perdurar