No es más que un juego: la utilización de una parte contra otra —del islam contra la cristiandad— por parte de Israel, que no pertenece a ninguna de las dos. En el islam, su posición superior en la cristiandad es igualmente célebre. La historia es demasiado contundente para tales simulaciones. Toda la historia del islam, todo el espíritu social del islam, de lo cual hay hoy innumerables testigos, arrojan el mismo veredicto sobre el trato general dispensado al judío en esa sociedad.
Así ocurrió en el Islam independiente. Pero el Islam, controlado políticamente hoy por las potencias cristianas occidentales, es otra cuestión. Bajo ese estado de cosas inestable (nadie puede decir cuánto durará; el conflicto entre el Islam y la Cristiandad parece eterno y el flujo y reflujo de esa marea se sucede indefinidamente), el problema adquiere un cariz muy distinto. Francia e Inglaterra aparecen en el Islam como los sostenes artificiales del judío.
Hasta hace muy poco eran los franceses quienes cargaban con la peor odiosidad de esto a los ojos de los mahometanos.
Bajo los franceses, a los judíos del norte de África se les concedía a menudo una posición especial y superior, lo cual era un insulto para todo mahometano y todavía lo es. Es el punto más débil del régimen francés.
- En Argelia, el judío del gueto puede votar. El árabe no.
- Incluso en Marruecos, donde las cosas se han hecho con más sensatez que en Argel, se resiente la dificultad.
¿Cómo vais a tratar a un judío en Marruecos de manera distinta a como se le trata en Francia? Es común a ambos países. Si lo tratáis como si fuera francés y, por tanto, miembro del poder gobernante, ¿qué pasa con el orgullo de aquellos señores del Atlas y de Fez?
En el campo, inconmensurablemente mayor, de control mahometano ejercido por Gran Bretaña, que, directa e indirectamente, es diez veces el