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Chapter X. The Present Relation Between the English State and the Jews

Tras dos generaciones de esto, al iniciarse el siglo XX, aquellas grandes familias territoriales inglesas en las que no había sangre judía constituían la excepción. En casi todas ellas el linaje estaba más o menos marcado, en algunas tan fuertemente que, aunque el apellido seguía siendo inglés y las tradiciones las de un linaje puramente inglés de un pasado remoto, el físico y el carácter se habían vuelto por completo judíos y los miembros de la familia eran tomados por judíos siempre que viajaban por países donde la nobleza aún no había sufrido o disfrutado de esta mezcla.

Especialmente las instituciones judías, como la masonería (que los judíos habían inaugurado en el siglo XVII como una especie de puente entre ellos y sus anfitriones), eran particularmente fuertes en Gran Bretaña, y surgió una tradición política, activa y que a la postre resultaría de gran importancia, por la cual el Estado británico fue aceptado tácitamente por los gobiernos extranjeros como el protector oficial de los judíos en otros países.

Era de Gran Bretaña de quien se esperaba que interviniera, en la medida de su poder, siempre que tuviera lugar una persecución de los judíos en el Oriente de la Cristiandad: que respaldara las energías financieras judías en todo el mundo y que recibiera a cambio el beneficio de dicha conexión.

Tendríamos una imagen sumamente imperfecta de las causas que hicieron gradualmente que los judíos consideraran este país como su centro de acción si omitiéramos un punto esencial.

Inglaterra estaba a salvo.

Durante todo el período que presenció el ascenso de los judíos a la eminencia en esta isla y su alianza definitiva con su sistema político y comercial, la sociedad inglesa disfrutó de una paz profunda. Salvo por los incidentes menores del 15 y el 45 (el primero sin efecto al sur de la frontera, el segundo efímero y circunscrito al Norte), no hubo

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