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CAPÍTULO III LA FASE ACTUAL DEL PROBLEMA

repente en el flanco de esa posición, una nueva y formidable fuerza judía decidida a la destrucción de la propiedad. Ya no había razón alguna para guardar silencio. Había una necesidad creciente de hablar. Y aunque el viejo hábito, el viejo secreto, seguían pesando fuertemente sobre ellos, la necesidad de combatir el bolchevismo judío era aún más fuerte.

Por toda Europa, el carácter judío del movimiento se hizo cada vez más evidente. Los líderes del comunismo en todas partes proclamaron esa verdad al adoptar la política estúpida de fingir que la revolución era rusa y nacional; intentaron —demasiado tarde— ocultar los orígenes judíos de sus creadores y directores, y realizaron un esfuerzo infantil para fingir que los nombres rusos presentados con tanta inocencia eran auténticos, cuando los nombres reales estaban en boca de todos.

Sin embargo, al mismo tiempo recibían dinero y valores de las víctimas a través de agentes judíos, joyas arrancadas a los muertos o sustraídas de las cajas de caudales de

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