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Capítulo XIV Varias teorías

A este respecto también deberíamos tener (lo que ahora nos falta), a saber, una visión de conjunto de la acción judía en la Cristiandad y en el Islam combinados.

Somos conscientes de la tolerancia, o más bien del favor, que los mahometanos de España dispensaron a sus súbditos judíos. No fue ni universal ni continua.

Lo que no oímos lo suficiente, lo que tenemos que reconstruir a partir de alusiones fortuitas, es la conexión entre los judíos moros, antes y durante la Reconquista, y sus correligionarios del norte.

Antes de dejar estas notas superficiales y esporádicas sobre lo que he llamado las «teorías» acerca de nuestro problema, debo mencionar una que, por desgracia, parece haber adquirido un amplio apoyo hoy en día y que es sin duda la menos satisfactoria de todas —aún menos satisfactoria que la ya moribunda ficción que pretendía que la nación judía no estaba presente entre nosotros, sino que consistía únicamente en una masa de individuos ya absorbidos por su entorno extraño—. Me refiero a la teoría de que es posible continuar en una especie de atmósfera latente de represión parcial, en la que se trata al judío como a algo ajeno y hostil, pero su presencia se tolera incesantemente. Esa parecería ser la conclusión imperfecta implícita, si no declarada, en un centenar de panfletos y debates modernos, cuyos autores rechazan el nombre de antisemitas aunque aparentemente simpatizan con acciones aún menos lógicas que la política del antisemita. No existe tal equilibrio posible, aun si su establecimiento fuera tan moral como de hecho es inmoral. Si no se encuentra una solución franca, no se puede establecer nada firme. Todo lo que estableceremos será una fluctuación violenta y sucesiva. Es imposible mantener una actitud permanentemente hostil hacia el prójimo y a la vez contar con que esa hostilidad permanezca permanentemente reprimida. Uno cae

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