tipo de libertad que a los europeos nos importa tener: > que es la salvaguarda de la salud espiritual (cuya marca es el humor), de la amplitud y diversidad en la acción, de la elasticidad en el Estado, de la permanencia en las instituciones. La propiedad, distribuida de la forma más amplia posible, pero sagrada como principio, es un acompañamiento social inevitable del
Aparte de esto, es también un rasgo definitivo de la doctrina católica negar que la propiedad privada sea inmoral. Ningún católico puede decir que la propiedad privada es inmoral sin separarse de la comunión de la Iglesia, del mismo modo que no puede decir que la autoridad en el Estado sea inmoral. No puede ser comunista, en la moral abstracta, del mismo modo que no puede ser anarquista.
Ahora bien, el Capitalismo Industrial es una enfermedad de la propiedad. Es el estado de cosas monstruoso en el que muy pocos hombres obtienen su gran ventaja del hecho correspondiente de que la mayoría de los hombres a quienes explotan no poseen nada.
Pero sigue siendo cierto que el último recurso del Capitalismo es el sentido de la propiedad tanto en la masa como en los pocos privilegiados. La única fuerza moral que le queda al Capitalismo Industrial, el único vínculo espiritual que impide su disolución, es esta admisión por parte de la mente europea de que la propiedad es un derecho —incluso la propiedad en una forma enferma y exagerada.
El conjunto de las operaciones del capitalismo industrial se basa en la santidad de la propiedad y en la santidad del contrato que se deriva de la santidad de la propiedad. Y siempre que la sociedad pierda este sentido, el capitalismo industrial caerá en el caos.