zonas industrializadas de Occidente.
Por la palabra «dirigido» no me refiero a ningún plan consciente. Quiero decir que los judíos, con su perpetuo desplazamiento de un país a otro, con su natural indiferencia hacia el sentimiento nacional como fuerza contraria al sentimiento de clase, con su pensamiento lúcido y su pasión por la deducción, con su tenacidad e industria intelectual, se habían convertido naturalmente en los principales exponentes y en los líderes más capaces.
Formaban, sobre todo, el cemento que unía el movimiento en todo el mundo. Fueron ellos, más que ningún otro, quienes insistieron en una solución tajante según las líneas que su compatriota Karl Marx había copiado de sus contemporáneos europeos más importantes, y que hizo definitiva en su famoso libro sobre El Capital.
Pero había un abismo entre este liderazgo intelectual, esta organización del socialismo por parte de judíos *cuando el socialismo aún seguía siendo