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Capítulo II La negación del problema

Con el crecimiento de la plutocracia, aumentó la anomalía de tratar a los judíos como individuos separados del resto de la comunidad. Los hombres más importantes que controlaban las finanzas internacionales eran, como se admitía, judíos. La posición internacional del judaísmo lo hacía siempre útil y a menudo necesario en las vastas empresas económicas internacionales de nuestro tiempo. El anonimato que había llegado a darse por sentado en todo el capitalismo moderno hacía que pareciera absurdo o imposible, siempre muy inusual y probablemente fútil, buscar un elemento judío separado en cualquier empresa en particular.

Queda un último argumento a favor de esta política liberal, el cual tiene un fuerte valor práctico, aunque resulta sumamente peligroso utilizarlo en defensa de dicha política porque es un arma de doble filo. Es el argumento de que al judío se le debe tratar como a un ciudadano exactamente igual a los demás, sin otorgarle ninguna posición ni de privilegio ni de discriminación, debido a que, de hecho, se adapta a su entorno con gran rapidez.

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