sean, se esforzarán en vano por cambiar su fe.
Obsérvese, sin embargo, que aún no afirmo que sea mejor que lo subconsciente y lo no racional mantengan así la primacía en el ámbito religioso.
Me limito a señalar simplemente que, de hecho, la mantienen.
Hasta aquí con nuestro sentido de la realidad de los objetos religiosos. Permítanme ahora decir unas breves palabras más sobre las actitudes que característicamente despiertan.
Ya hemos convenido en que son solemnes; y hemos visto razones para pensar que la más distintiva de ellas es la clase de gozo que puede resultar, en casos extremos, de la abnegación absoluta. La percepción del tipo de objeto al que se hace la entrega tiene mucho que ver con la determinación del matiz preciso del gozo; y el fenómeno en su conjunto es más complejo de lo que permite cualquier fórmula simple.