caso bien marcado de anhedonia, de pérdida pasiva de apetito por todos los valores de la vida; y segundo, muestra cómo el aspecto alterado y extraño que el mundo adquirió como consecuencia de esto estimuló el intelecto de Tolstói hacia un cuestionamiento roedor y agobiante, y un esfuerzo en busca de alivio filosófico. Pienso citar a Tolstói con cierta extensión; pero antes de hacerlo, haré un comentario general sobre cada uno de estos dos puntos.
Primero sobre nuestros juicios espirituales y el sentido del valor en general.
Es bien sabido que los hechos son compatibles con comentarios emocionales opuestos, ya que un mismo hecho inspirará sentimientos totalmente diferentes en personas distintas, y en momentos diferentes en una misma persona; y no existe conexión deducible racionalmente entre ningún hecho exterior y los sentimientos que pueda llegar a provocar.
Estos tienen su origen en una esfera de existencia completamente distinta, en la región animal y espiritual del ser del sujeto.