me habrían causado gran abatimiento y malestar, sin [que yo] experimentara rastro alguno de lo uno ni de lo otro. La sorpresa también se ha modificado enormemente, y uno es menos propenso a alterarse ante vistas o ruidos inesperados. > “En lo que a mí respecta individualmente, no me estoy preocupando por ahora acerca de cuáles puedan ser los resultados de este estado emancipado. No dudo de que la salud perfecta a la que aspira la Ciencia Cristiana pueda ser una de las posibilidades, pues noto una mejoría notable en la forma en que mi estómago cumple con su deber de asimilar la comida que le doy para procesar, y estoy seguro de que funciona mejor al son de una canción que bajo la fricción de un ceño fruncido. Tampoco estoy desperdiciando este precioso tiempo formulando una idea de una existencia futura o de un Cielo futuro. El Cielo que llevo dentro de mí es tan atractivo como cualquiera de los que se han prometido o de los que puedo imaginar; y estoy dispuesto a dejar que el crecimiento conduzca a donde quiera, siempre
La medicina antigua solía hablar de dos maneras, lisis y crisis, una gradual, la otra abrupta, mediante las cuales uno podía recuperarse de una enfermedad corporal. En el ámbito espiritual también hay dos maneras, una gradual, la otra repentina, en las que puede producirse la unificación interior. Tolstói y Bunyan pueden servirnos de nuevo como ejemplos, ejemplos, da la casualidad, del camino gradual, aunque hay que confesar desde el principio que es difícil seguir estos vericuetos de los corazones ajenos, y uno siente que sus palabras no revelan su secreto total.
Sea como fuere, Tolstói, prosiguiendo con su incesante cuestionamiento, parecía alcanzar una revelación tras otra.