incompatibles y antagónicos se conservan unos junto a otros. Esta explicación puede valer lo que valga; sin duda necesita corroboración. Pero sea cual sea la causa de la personalidad heterogénea, hallamos los ejemplos más extremos de ella en el temperamento psicopático, del cual hablé en mi primera conferencia.
Todos los escritores sobre ese temperamento destacan la heterogeneidad interior en sus descripciones. Con frecuencia, en efecto, es solo este rasgo el que nos lleva a atribuir tal temperamento a un hombre.
Un dégénéré supérieur es sencillamente un hombre de sensibilidad en muchas direcciones, al que le resulta más difícil que de costumbre mantener su casa espiritual en orden y trazar su surco derecho, porque sus sentimientos e impulsos son demasiado agudos y demasiado discordantes entre sí.
En las ideas obsesivas e insistentes, en los impulsos irracionales, los escrúpulos morbosos, los temores e inhibiciones que acosan al temperamento psicopático cuando está plenamente pronunciado, tenemos ejemplos exquisitos de personalidad heterogénea.
Bunyan tenía la obsesión de las palabras: «¡Vende a Cristo por esto, véndelo por aquello, véndelo, véndelo!», que le cruzaban por la mente cien veces seguidas, hasta que un día, exhausto de replicar «No quiero, no quiero», dijo impulsivamente: «Que se vaya si quiere», y esta derrota en la batalla lo mantuvo sumido en la desesperación durante más de un año.
Las vidas de los santos están llenas de tales obsesiones blasfemas, atribuidas invariablemente a la acción directa de Satanás.
El fenómeno se conecta con la vida del llamado yo subconsciente, del cual deberemos hablar muy pronto de manera más directa.