nubes blancas, sobre cuya superficie azotada por el viento unos pocos picos altos, incluido aquel en el que me encontraba, parecían agitarse como si estuvieran garreando sus anclas. Lo que sentí en estas ocasiones fue una pérdida temporal de mi propia identidad, acompañada de una iluminación que me reveló un significado más profundo del que solía atribuirle a la vida. Es en esto donde encuentro mi justificación para decir que he disfrutado de comunicación con Dios. Por supuesto, la ausencia de un ser como este sería el caos. No puedo concebir la vida sin su
Del sentido más habitual y, por decirlo así, crónico de la presencia de Dios, la siguiente muestra tomada de la colección de manuscritos del profesor Starbuck puede servir para dar una idea. Proviene de un hombre de cuarenta y nueve años; probablemente miles de cristianos sin pretensiones escribirían un relato casi idéntico.
“Dios es más real para mí que cualquier pensamiento, cosa o persona. Siento su presencia de manera positiva,