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nydus/The Varieties of Religious ExperiencePublic
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Conferencia I: Religión y neurología

Del mismo modo, la naturaleza del genio ha sido esclarecida por los intentos, de los que ya hice mención, de clasificarlo junto con los fenómenos psicopáticos. La locura fronteriza, la excentricidad, el temperamento insano, la pérdida del equilibrio mental, la degeneración psicopática (por usar algunos de los muchos sinónimos con los que se la ha llamado), posee ciertas peculiaridades y propensiones que, cuando se combinan con una cualidad superior de intelecto en un individuo, hacen más probable que este deje su impronta y afecte a su época, que si su temperamento fuera menos neurótico.

No existe por supuesto ninguna afinidad especial entre la excentricidad como tal y el intelecto superior, pues la mayoría de los psicópatas tienen intelectos débiles, y los intelectos superiores más comúnmente poseen sistemas nerviosos normales. Pero el temperamento psicopático, sea cual fuere el intelecto con el que se encuentre emparejado, a menudo trae consigo ardor y excitabilidad de carácter. La persona excéntrica tiene una susceptibilidad emocional extraordinaria. Es propensa a las ideas fijas y a las obsesiones. Sus concepciones tienden a pasar inmediatamente a la creencia y a la acción; y cuando le asalta una nueva idea, no halla reposo hasta proclamarla, o de algún modo «darle salida».

«¿Qué debo pensar de esto?», se dice a sí mismo una persona común ante una cuestión debatida, pero en una mente «excéntrica» la forma que la pregunta tiende a adoptar es: «¿Qué debo hacer al respecto?».

En la autobiografía de esa mujer de noble espíritu, la señora Annie Besant, leo el siguiente pasaje:

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