total de las cosas deba ser absolutamente bueno. Dicha persuasión mística desempeña un papel enorme en la historia de la conciencia religiosa, y debemos examinarla más adelante con cierto cuidado. Pero no necesitamos ir tan lejos por el presente. Condiciones de éxtasis más ordinarias y no místicas bastan para mi argumento inmediato. Todo estado moral invasivo y todo entusiasmo apasionado vuelve a uno insensible al mal en alguna dirección. * Las penas comunes dejan de disuadir al patriota, * las prudencias habituales son arrojadas por el amante a los vientos. Cuando la pasión es extrema, el sufrimiento puede llegar a ser glorificado, siempre que sea por la causa ideal; la muerte puede perder su aguijón, y el sepulcro su victoria. En estos estados, el contraste ordinario entre el bien y el mal parece quedar absorbido en una denominación superior, una excitación omnipotente que devora el mal y que el ser humano acoge como la experiencia culminante de su vida. > Esto, dice, es vivir de verdad, y me regocijo en la oportunidad heroica y
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La religión de la mentalidad sana
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