en plena presencia de las percepciones del mal que antes hacían que la vida pareciera insoportable. Pues las percepciones del mal de Tolstoy parecen haber permanecido sin modificaciones dentro de su esfera. Sus obras posteriores lo muestran implacable hacia todo el sistema de valores oficiales: * la ignominia de la vida elegante; * las infamias del imperio; * la falsedad de la iglesia; * la vanidosa presunción de las profesiones; * las mezquindades y crueldades que acompañan al gran éxito; * y cualquier otro crimen pomposo e institución mentirosa de este mundo. Para toda paciencia con tales cosas, su experiencia ha sido para
Bunyan también le deja este mundo al enemigo.
«Debo pronunciar primero una sentencia de muerte —dice—, sobre todo aquello que con propiedad puede llamarse una cosa de esta vida, hasta considerarme a mí mismo, a mi esposa, a mis hijos, a mi salud, a mis placeres y a todo como muerto para mí, y a mí mismo como muerto para ellos; confiar en Dios por medio de Cristo, en lo que atañe al mundo venidero; y en lo que atañe a este mundo, considerar la sepultura como mi casa, hacer mi cama en las tinieblas, y decir a la corrupción: Tú eres mi padre, y al gusano: Tú eres mi madre y mi hermana. […] La separación de mi esposa y mis pobres hijos ha sido a menudo para mí como el arrancamiento de la carne de mis huesos, especialmente mi pobre hija ciega, que estaba más cerca de mi corazón que todo lo demás que tenía. Pobre niña, pensaba, ¡qué porción de dolor te aguarda en este mundo! Habrás de ser golpeada, habrás de mendigar, sufrir hambre, frío, desnudez y mil calamidades, aunque ahora no puedo soportar que el viento te sople. Pero aun así debo encomendaros a todos a Dios, aunque me parta el alma dejaros».