que arrastra su longitud; y siempre que ellas u otras bestias salvajes atrapan a su presa viviente, el horror mortal que siente un melancólico agitado es la reacción literalmente correcta ante la situación.
Puede ser de hecho que ninguna reconciliación religiosa con la totalidad absoluta de las cosas sea posible.
Ciertos males, en efecto, son instrumentales para formas superiores de bien; mas puede haber formas de mal tan extremas que no encajen en ningún sistema bueno en absoluto, y que, respecto a tal mal, la sumisión muda o la omisión de notarlo sean el único recurso práctico.
Esta cuestión habrá de confrontarnos en un día posterior. Pero provisionalmente, y como mera cuestión de programa y método, puesto que los hechos malvados son partes de la naturaleza tan genuinas como los buenos, la presunción filosófica debería ser que poseen cierta significación racional, y que el espíritu sano sistemático, al no conceder al pesar, al dolor y a la muerte ninguna atención positiva y activa en absoluto, es formalmente menos completo que los sistemas que intentan al menos incluir dichos elementos en su ámbito.