«umbral de diferencia» bajo: su mente lo cruza fácilmente hacia la conciencia de las diferencias en cuestión. Y de igual modo podríamos hablar de un «umbral del dolor», un «umbral del miedo», un «umbral de la miseria», y descubrir que es rápidamente sobrepasado por la conciencia de algunos individuos, mientras que en otros se encuentra demasiado alto para que su conciencia lo alcance a menudo. Los optimistas y de mente sana viven habitualmente en el lado soleado de su línea de miseria; los deprimidos y melancólicos viven más allá de ella, en la oscuridad y la aprehensión. Hay hombres que parecen haber comenzado la vida con una botella o dos de champán acreditadas a su favor; mientras que otros parecen haber nacido cerca del umbral del dolor, al cual los irritantes más leves los hacen cruzar fatalmente.
¿No parece como si aquel que viviera más habitualmente de un lado del umbral del dolor necesitara una clase de religión diferente a la de quien vive habitualmente del otro?
Esta cuestión de la relatividad de los diferentes tipos de religión respecto a los diferentes tipos de necesidad surge de manera natural en este punto, y se convertirá en un problema serio antes de que hayamos concluido. Pero antes de enfrentarnos a ella en términos generales, debemos dedicarnos a la desagradable tarea de escuchar lo que las almas enfermas, como podemos llamarlas en contraste con las de mente sana, tienen que decir sobre los secretos de su casa prisión, su propia y peculiar forma de conciencia.
Volvamos entonces resueltamente la espalda a los nacidos una sola vez y a su evangelio optimista de azul celeste; no nos limite a exclamar, a pesar de todas las apariencias: «¡Hurra por el Universo!; Dios está en el Cielo, todo va bien en el mundo». Veamos más bien si la piedad, el dolor, el miedo y el sentimiento de impotencia humana no podrán abrir una perspectiva más profunda y poner en nuestras manos una llave más compleja para el significado de la situación.