su sistema perder el tiempo preocupándose por él como un «misterio» o «problema», o «tomándose muy a pecho» la lección de su experiencia, a la manera de los evangélicos. ¡No razones sobre ello, como dice Dante, sino echa una ojeada y pasa de largo! ¡Es Avidhya, la ignorancia!, algo que simplemente debe superarse y dejarse atrás, trascenderse y olvidarse. La llamada Ciencia Cristiana, la secta de la señora Eddy, es la rama más radical de la cura mental en su trato con el mal. Para ella, el mal es simplemente una mentira, y cualquiera que lo mencione es un mentiroso. El ideal optimista del deber nos prohíbe pagarle el cumplido de prestarle siquiera atención explícita. Por supuesto, como nos mostrarán nuestras próximas conferencias, esta es una mala omisión especulativa, pero está íntimamente ligada a los méritos prácticos del sistema que estamos examinando. ¿Para qué lamentar una filosofía del mal —preguntaría un curador mental— si puedo ponerles en posesión de una vida de bien?
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La religión de la mentalidad sana
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