un escritorio en una oficina urbana donde varios caballeros más trabajaban constantemente y a menudo hablaban en voz alta. Enteramente inmutable ante los múltiples y diversos sonidos a su alrededor, este hombre centrado en sí mismo y fiel sabía, en cualquier momento de perplejidad, correr las cortinas de la intimidad con tanta perfección a su alrededor que quedaba tan plenamente envuelto en su propia aura psíquica, y por ende tan eficazmente apartado de todas las distracciones, como si estuviera a solas en un bosque primigenio. Llevándose consigo su dificultad al silencio místico en forma de pregunta directa, de la cual esperaba una respuesta cierta, permanecía absolutamente pasivo hasta que esta llegaba, y ni una sola vez en muchos años de experiencia se vio defraudado ni extraviado”.
¿En qué, me gustaría saber, difiere esto intrínsecamente de la práctica del «recogimiento», que desempeña un papel tan importante en la disciplina católica? Llamada por lo demás la práctica de la presencia de Dios (y conocida así entre nosotros, como por ejemplo en Jeremy Taylor), es definida de