Si entonces les preguntáis por qué medios la ciencia ha suplantado de este modo al pensamiento primitivo y desacreditado su manera personal de ver las cosas, sin duda os responderán que ha sido mediante el uso estricto del método de verificación experimental.
Llevad a la práctica las concepciones de la ciencia —dirán—, aquellas concepciones que prescinden por completo de la personalidad, y siempre obtendréis corroboración. El mundo está hecho de tal modo que todas vuestras expectativas se verán verificadas experimentalmente en la medida, y solo en la medida, en que mantengáis impersonales y universales los términos de los que las inferís.
Pero aquí tenemos a la cura mental (mind-cure), con su filosofía diametralmente opuesta, formulando una pretensión exactamente idéntica. Vive como si yo fuera verdad —dice—, y cada día te demostrará en la práctica que tienes razón. Que las energías directoras de la naturaleza son personales, que tus propios pensamientos personales son fuerzas, que los poderes del universo responderán directamente a tus llamamientos y necesidades individuales, son proposiciones que toda tu experiencia corporal y mental verificará. Y que esa experiencia verifica en gran medida estas ideas religiosas primigenias lo prueba el hecho de que el movimiento de la cura mental se propaga como lo hace, no mediante la simple proclamación y afirmación, sino mediante palpables resultados experienciales. Aquí, en el apogeo mismo de la autoridad de la ciencia, libra una guerra agresiva contra la filosofía científica y triunfa empleando los métodos y armas propios de la ciencia. Al creer que un poder superior cuidará de nosotros de ciertas maneras mejor que nosotros mismos podemos hacerlo, si tan solo nos abandonamos genuinamente a él y consentimos en utilizarlo, encuentra que tal