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nydus/The Varieties of Religious ExperiencePublic
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Conferencia III: La realidad de lo invisible

una sorprendente conciencia de algún inefable bien. Ni vaga tampoco, no como el efecto emocional de algún poema, o escena, o flor, o de la música, sino el conocimiento seguro de la cercana presencia de una especie de poderosa persona, y después de que se marchó, el recuerdo persistió como la única percepción de la realidad. Todo lo demás podía ser un sueño, pero aquello

Mi amigo, por extrañas circunstancias, no interpreta estas últimas experiencias teísticamente, como si significaran la presencia de Dios.

Pero claramente no habría sido antinatural interpretarlas como una revelación de la existencia de la divinidad. Cuando lleguemos al tema del misticismo, tendremos mucho más que decir sobre este particular.

Para que la rareza de estos fenómenos no os desconcierta, me atreveré a leeros un par de relatos similares, mucho más cortos, meramente para mostrar que estamos tratando con un tipo de hecho natural bien definido. En el primer caso, que tomo del Journal of the Society for Psychical Research, la sensación de presencia se desarrolló en pocos momentos hasta convertirse en una alucinación claramente visualizada —pero dejo esa parte de la historia fuera.

“Yo había leído”, dice el narrador, “unos veinte minutos más o menos, estaba totalmente absorto en el libro, mi mente se hallaba en perfecta calma y por el momento mis amigos habían quedado por completo en el olvido, cuando de repente, sin un instante de advertencia, todo mi ser pareció agitarse hasta alcanzar el más alto estado de tensión o vitalidad, y fui consciente, con una intensidad difícil de imaginar por quienes nunca lo han experimentado, de que otro ser o presencia no solo estaba en la habitación, sino muy cerca de

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