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nydus/The Varieties of Religious ExperiencePublic
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Conferencia X: Conversión—Conclusión

Pero por muy feliz que llegara a ser a su exigente manera, jamás recuperó el gusto ni por los placeres carnales más inocentes. Debemos clasificarlo, al igual que a Bunyan y a Tolstói, entre aquellos en cuya alma el hierro de la melancolía dejó una huella permanente. Su redención lo trasladó a un universo distinto de este mundo meramente natural, y la vida siguió siendo para él una prueba triste y paciente. Años más tarde podemos encontrarlo haciendo en su diario una anotación como esta: > «El miércoles 12 prediqué en una boda y tuve así la dicha de ser el instrumento para excluir la algarabía

El caso siguiente que expondré es el de un corresponsal del profesor Leuba, publicado en el artículo de este último, ya citado, en el vol. VI del American Journal of Psychology. Este sujeto era un graduado de Oxford, hijo de un clérigo, y la historia se parece en muchos puntos al clásico caso del coronel Gardiner, que se puede suponer que todo el mundo conoce. Hel aquí, algo abreviado:⁠—

«Entre la época en que dejé Oxford y mi conversión, jamás puse un pie en la iglesia de mi padre, a pesar de haber vivido con él durante ocho años, ganando el dinero que quería con el periodismo y gastándolo en grandes juergas con cualquiera que se sentara conmigo a beberlo hasta el final. Así vivía, a veces borracho durante una semana seguida, y luego un arrepentimiento terrible, y no probaba una sola gota en todo un mes. > > «En todo este periodo, es decir, hasta los treinta y tres años, nunca tuve el deseo de reformarme por motivos religiosos. Mas todas mis angustias se debían a un remordimiento terrible que solía sentir tras una fuerte juerga, un remordimiento que adoptaba la

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