rápidas que el pensamiento, sacudieron mi alma, la revolvieron y la giraron, por así decirlo, en otra dirección, hacia otros fines, por otros caminos. Me expreso mal. ¿Pero quieres, Señor, que encierre en
Podría multiplicar los casos casi indefinidamente, pero estos bastarán para mostrarle cuán real, definida y memorable puede ser una conversión repentina para aquel que la experimenta.
En lo más álgido de ella, indudablemente le parece a uno ser un espectador pasivo o sujeto de un proceso asombroso realizado sobre él desde lo alto. Hay demasiadas pruebas de esto como para que quepa alguna duda al respecto.
La teología, combinando este hecho con las doctrinas de la predestinación y la gracia, ha llegado a la conclusión de que el espíritu de Dios está con nosotros en estos momentos dramáticos de un modo singularmente milagroso, a diferencia de lo que ocurre en cualquier otra coyuntura de nuestras vidas. En ese momento, cree, se nos insufla una naturaleza absolutamente nueva, y nos volvemos partícipes de la sustancia misma de la Divinidad.
Que la conversión deba