Solo resultan eficaces con su discurso sobre el origen patológico mientras la otra parte invoque un origen sobrenatural, y no se debata otra cosa que el argumento del origen. Pero el argumento del origen rara vez se ha utilizado solo, ya que es demasiado obviamente insuficiente. El Dr. Maudsley es tal vez el más astuto de los detractores de la religión sobrenatural basándose en argumentos sobre su origen. Aun así, se ve obligado a escribir:—
“¿Qué derecho tenemos para creer que la Naturaleza tiene la obligación de hacer su obra únicamente por medio de mentes completas? Puede encontrar que una mente incompleta es un instrumento más adecuado para un propósito particular. Es la obra realizada, y la cualidad en el trabajador por la cual fue realizada, lo único que importa; y desde un punto de vista cósmico puede ser de poca importancia si en otras cualidades del carácter era singularmente defectuoso —si de hecho era hipócrita, adúltero, excéntrico o lunático—. … Volvemos, pues, a casa, al viejo y último recurso de la certidumbre, a saber, el asentimiento común de la humanidad, o de los competentes por instrucción y formación entre la humanidad”.
En otras palabras, no su origen, sino el modo en que funciona en su totalidad, es la prueba definitiva que el Dr. Maudsley aplica a una creencia. Este es nuestro propio criterio empirista; y este criterio también se han visto obligados a utilizarlo al final los más firmes defensores del origen sobrenatural. Entre las visiones y los mensajes, algunos siempre han sido demasiado patentemente necios; entre los trances y los ataques convulsivos, algunos han resultado demasiado infructuosos para la