“Tuve una revelación el viernes pasado por la noche. Estaba en casa de Mary y, al ocurrírseme mencionar algo sobre la presencia de los espíritus (de los cuales, dije, a menudo era vagamente consciente), el señor Putnam entabló una discusión conmigo sobre asuntos espirituales. Mientras hablaba, todo el sistema se alzó ante mí como un destino vago que emergía del Abismo. Jamás antes había sentido con tanta claridad el Espíritu de Dios en mí y a mi alrededor. Toda la habitación me pareció llena de Dios. El aire parecía oscilar de un lado a otro con la presencia de Algo que no sabía qué era. Hablé con la calma y la claridad de un profeta. No puedo decirles cuál fue esta revelación. Aún no la he estudiado lo suficiente. Pero la perfeccionaré algún día, y entonces la oirán y reconocerán su grandeza”.
He aquí una experiencia más larga y desarrollada procedente de la comunicación manuscrita de un eclesiástico—la tomo de la colección de manuscritos de Starbuck:—
“Recuerdo la noche, y casi el lugar exacto en la colina, en que mi alma se abrió, por así decirlo, hacia lo Infinito, y se produjo una confluencia de los dos mundos, el interior y el exterior. Era el abismo que llamaba al abismo: al abismo que mi propia lucha había abierto en mi interior respondía el abismo inescrutable de afuera, que se extendía más allá de las estrellas. Estaba a solas con Aquel que me había creado, y toda la belleza del mundo, y el amor, y el dolor,