años. > > “Esta horrible dualidad a menudo me ha dado materia para la reflexión. Oh, este terrible segundo yo, siempre sentado mientras el otro está de pie, actuando, viviendo, sufriendo, agitándose. Este segundo yo al que nunca he podido intoxicar, hacer derramar lágrimas ni adormecer. ¡Y cómo ve las cosas, y
Los trabajos recientes sobre la psicología del carácter han tenido mucho que decir sobre este punto.
Algunas personas nacen con una constitución interior que es armoniosa y está bien equilibrada desde el principio. Sus impulsos son coherentes entre sí, su voluntad sigue sin problemas la guía de su intelecto, sus pasiones no son excesivas y sus vidas están poco atormentadas por los remordimientos.
Otras están constituidas de manera opuesta; y lo están en grados que pueden variar desde algo tan leve que resulta en una inconsistencia meramente extraña o caprichosa, hasta una discordancia cuyas consecuencias pueden ser sumamente inconvenientes.
De los tipos más inofensivos de heterogeneidad encuentro un buen ejemplo en la autobiografía de la señora Annie Besant.
“Siempre he sido la más extraña mezcla de debilidad y fuerza, y he pagado un alto precio por la debilidad. De infancia solía sufrir tormentos de timidez, y si llevaba el cordón del zapato desatado sentía con vergüenza que todas las miradas estaban fijas en el desafortunado cordón; de muchacha me apartaba de los extraños y pensaba que no era deseada ni querida, por lo que rebosaba de una ávida gratitud hacia cualquiera que me tratara con amabilidad; como joven dueña de casa les temía a mis criados, y prefería pasar por alto el trabajo descuidado antes