mismo tono:
“Aquellas influencias graciosas que son los efectos del Espíritu de Dios son del todo sobrenaturales—muy distintas de cualquier cosa que experimenten los hombres no regenerados. Son lo que ninguna mejora o composición de cualidades o principios naturales producirá jamás; porque no solo difieren de lo que es natural, y de todo lo que los hombres naturales experimentan en grado y circunstancias, sino también en clase, y son de una naturaleza mucho más excelente. De aquí se sigue que en los afectos graciosos hay [también] nuevas percepciones y sensaciones enteramente diferentes en su naturaleza y clase de cualquier cosa experimentada por los [mismos] santos antes de ser santificados. … Las concepciones que los santos tienen de la hermosura de Dios, y ese tipo de deleite que experimentan en ella, son muy peculiares, y enteramente diferentes de cualquier cosa que un hombre natural pueda poseer, o de la cual pueda formarse una noción adecuada”.