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nydus/The Varieties of Religious ExperiencePublic
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Conferencia VIII: El yo dividido y el proceso de su unificación

despertar, pero, vencido por el sopor, vuelve a dormirse enseguida. A menudo, cuando un pesado sopor abruma sus miembros, un hombre pospone sacudírselo y, aunque no lo aprueba, lo alimenta; así yo estaba seguro de que era mejor entregarme a tu amor que ceder a mis propias concupiscencias; mas, aunque lo primero me convencía, lo segundo me agradaba y me tenía sujeto. No había en mí nada que respondiera a tu llamada: «Despiértate, tú que duermes», sino tan solo palabras lánguidad y somnolientas: «Ahora mismo; sí, ahora mismo; espera un poco». Pero el «ahora mismo» no tenía «ahora», y el «poco» se alargaba. … Pues temía que me oyeras demasiado pronto y me sanaras de golpe de mi enfermedad de la concupiscencia, la cual deseaba saciar más que ver extinguida. ¿Con qué latigazos de palabras no flagelé mi propia alma? No obstante, esta retrocedía; se negaba, aunque no tenía excusa que ofrecer. … Decía dentro de mí: «Vamos, que se haga ahora mismo», y al decirlo, estaba a punto de tomar la resolución. Poco faltó para que lo hiciera, mas no lo hice. Y realicé otro esfuerzo, y casi lo conseguí, pero no llegué a alcanzarlo ni a asirlo, titubeando en morir a la muerte y vivir a la vida; y el mal al que estaba tan acostumbrado me retuvo con más fuerza que la vida mejor que no

No podría haber una descripción más perfecta de la voluntad dividida, cuando a los deseos superiores les falta justamente esa última agudeza, ese toque de intensidad explosiva, de cualidad dinamogénica (para usar la jerga de los psicólogos), que les permite romper su caparazón, e incursionar eficazmente en la vida y aplacar las tendencias inferiores para siempre.

En una conferencia posterior tendremos mucho que decir acerca de esta excitabilidad superior.

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