de una tempestad, y sin embargo continué siendo el principal instigador y cabecilla de las diversiones durante muchos meses después; aunque me costaba fatiga y tormento asistir a ellas; pero el diablo y mi propio corazón perverso me arrastraban como a un esclavo, diciéndome que tenía que hacer esto y aquello, y soportar esto y lo otro, y doblar por aquí y por allá, para mantener mi reputación y conservar la estima de mis asociados: y todo este tiempo seguí siendo tan estricto como me fue posible en mis deberes, y no dejé piedra por mover para pacificar mi conciencia, vigilando incluso mis pensamientos, y orando continuamente adondequiera que fuese; pues no creía que hubiera pecado en mi conducta cuando estaba entre gente carnal, ya que no hallaba satisfacción allí, sino que solo lo hacía, según pensaba, por razones suficientes. > > “Pero aun así, todo lo que hice o pude hacer, la
San Agustín y Alline emergieron ambos a las apacibles aguas de la unidad interior y de la paz, y a continuación les pediré que consideren más de cerca algunas de las peculiaridades del proceso de unificación, cuando este se produce.
Puede llegar de forma gradual, o puede ocurrir abruptamente; puede llegar a través de sentimientos alterados, o a través de poderes de acción alterados; o puede llegar a través de nuevas percepciones intelectuales, o a través de experiencias que más adelante tendremos que calificar de «místicas».
Llegue como llegue, trae consigo una clase característica de alivio; y jamás un alivio tan extremo como cuando se vierte en el molde religioso.
¡Felicidad! ¡Felicidad! La religión es solo uno de los caminos mediante los cuales los hombres obtienen ese don. De manera fácil, permanente y exitosa, a menudo transforma la más intolerable miseria en la más profunda y duradera felicidad.