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nydus/The Varieties of Religious ExperiencePublic
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Conferencias VI y VII: El alma enferma

sentirás su batalla". > > Recuerdo que Staupitz solía decir: "Le he prometido a Dios más de mil veces que sería un hombre mejor, pero nunca cumplí lo que prometí. En adelante no haré más promesas semejantes, pues ahora he aprendido por experiencia que no soy capaz de cumpliras. Por tanto, a menos que Dios me sea favorable y misericordioso por amor a Cristo, no podré, con todos mis votos y todas mis buenas obras, estar ante su presencia". > > Esta (la de Staupitz) no solo era una verdadera, sino también una piadosa y santa desesperación; y esto deben confesarlo todos, tanto con la boca como con el corazón, los que han de ser salvos. Porque los piadosos no confían en su propia justicia. Miran a Cristo, su reconciliador, que dio su vida por sus pecados. Además, saben que el remanente de pecado que hay en su carne no se les toma en cuenta, sino que les es perdonado gratuitamente. No obstante, entre tanto luchan en espíritu contra la carne, para no cumplir los deseos de ella; y aunque sienten que la carne se enfurece y se rebela, y que ellos mismos caen a veces en pecado por causa de la flaqueza, sin embargo, no se desaniman, ni piensan por ello que su estado y modo de vida, y las obras que se hacen conforme a su vocación, desagradan a Dios; antes bien, se

Una de las herejías por las que los jesuitas condenaron tan abominablemente a aquel genio espiritual, Molinos, el fundador del quietismo, fue su opinión sanamente equilibrada sobre el arrepentimiento:⁠—

“Cuando cayeres en una falta, sea cual fuere la materia, no te turbes ni te aflijas por ello. Pues son efectos de

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