son cuestionadas; y la línea de ataque médica o bien se limita a aquellas producciones seculares que todo el mundo admite que son intrínsecamente excéntricas, o bien se dirige exclusivamente a las manifestaciones religiosas. Y entonces se debe a que las manifestaciones religiosas ya han sido condenadas, porque al crítico le desagradan por motivos internos o espirituales.
En las ciencias naturales y en las artes industriales a nadie se le ocurre jamás intentar refutar opiniones poniendo de manifiesto la constitución neurótica de su autor.
Las opiniones aquí se comprueban invariablemente mediante la lógica y la experimentación, sin importar cuál sea el tipo neurológico de su autor.
No debería ser de otro modo con las opiniones religiosas. Su valor solo puede determinarse mediante juicios espirituales directamente emitidos sobre ellas, juicios basados primordialmente en nuestro propio sentimiento inmediato; y, en segundo lugar, en lo que podamos averiguar acerca de sus relaciones experienciales con nuestras necesidades morales y con el resto de lo que tenemos por verdadero.