El ejemplo más simple de automatismo es el fenómeno de la llamada sugestión poshipnótica. Se le da a un sujeto hipnotizado, adecuadamente susceptible, la orden de realizar un acto determinado —habitual o excéntrico, da lo mismo— después de que despierte de su sueño hipnótico. Puntualmente, cuando llega la señal o transcurre el tiempo en el que le has indicado que el acto debe suceder, lo realiza; pero al hacerlo no tiene recuerdo alguno de tu sugestión, y siempre inventa un pretexto improvisado para su conducta si el acto es de índole excéntrica. Incluso se le puede sugerir a un sujeto que tenga una visión o escuche una voz en un cierto intervalo tras el despertar, y cuando llega el momento la visión es vista o la voz es oída, sin la menor sospecha por parte del sujeto de su origen. En las maravillosas exploraciones de Binet, Janet, Breuer, Freud, Mason, Prince y otros sobre la conciencia subliminal de los pacientes con histeria, se nos revelan sistemas enteros de vida subterránea, en forma de recuerdos de índole dolorosa que llevan una existencia parasitaria, sepultados fuera de los campos primarios de la conciencia, y que irrumpen en ella con alucinaciones, dolores, convulsiones, parálisis de la sensibilidad y del movimiento, y toda la procesión de síntomas de la enfermedad histérica, tanto del cuerpo como de la mente. Alterar o abolir mediante sugestión estos recuerdos subconscientes hace que el paciente sane de inmediato. Sus síntomas eran automatismos, en el sentido que el señor Myers da a la palabra. Estos historiales clínicos parecen cuentos de hadas
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Conferencia X: Conversión—Conclusión
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