Delimitación del Tema
La mayoría de los libros sobre filosofía de la religión intentan comenzar con una definición precisa de aquello en que consiste su esencia.
Algunas de estas presuntas definiciones tal vez desfilen ante nosotros en partes posteriores de este curso, y no seré lo suficientemente pedante como para enumerarles ninguna de ellas ahora.
Entre tanto, el mero hecho de que sean tantas y tan diferentes entre sí basta para probar que la palabra «religión» no puede representar ningún principio o esencia únicos, sino que es más bien un nombre colectivo.
La mente teorizada tiende siempre a la simplificación excesiva de sus materiales. Esta es la raíz de todo ese absolutismo y dogmatismo unilateral de que han estado infestadas tanto la filosofía como la religión.
No caigamos inmediatamente en una visión unilateral de nuestro tema, sino admitamos más bien libremente desde el principio que muy probablemente no hallaremos una sola esencia, sino muchos caracteres que alternativamente pueden ser igualmente importantes en la religión.
Si preguntáramos por la esencia del «gobierno», por ejemplo, un hombre podría decirnos que es la autoridad, otro la sumisión, otro la policía, otro un ejército, otro una asamblea, otro un sistema de leyes; sin embargo, al mismo tiempo sería verdad que ningún gobierno concreto puede existir sin todas estas cosas, de las cuales una es más importante en un momento dado y otras en otro.