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nydus/The Varieties of Religious ExperiencePublic
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III. Misticismo

Sin embargo, repito una vez más, la existencia de los estados místicos derriba por completo la pretensión de los estados no místicos de ser los únicos y definitivos dictadores de lo que nos está permitido creer.

Por regla general, los estados místicos tan solo añaden un significado supersensible a los datos externos ordinarios de la conciencia. Son excitaciones semejantes a las emociones del amor o la ambición, dones para nuestro espíritu gracias a los cuales los hechos que ya tenemos objetivamente ante nosotros adquieren una nueva expresividad y establecen una nueva conexión con nuestra vida activa. No contradicen dichos hechos en cuanto tales, ni niegan nada que nuestros sentidos hayan captado de inmediato.

Es más bien el crítico racionalista quien desempeña el papel de negador en la controversia, y sus negaciones carecen de fuerza, pues jamás puede existir un estado de hechos al cual no se le pueda añadir legítimamente un nuevo significado, siempre y cuando la mente ascienda a un punto de vista más abarcador. Debe seguir siendo siempre una cuestión abierta la posibilidad de que los estados místicos sean precisamente esos puntos de vista superiores, ventanas a través de las cuales la mente contempla un mundo más extenso e inclusivo.

La diferencia entre las vistas que se divisan desde las distintas ventanas místicas no tiene por qué impedirnos albergar esta suposición. En tal caso, el mundo más amplio resultaría tener una constitución mixta semejante a la de este mundo, eso es todo. Tendría sus regiones celestiales y sus regiones infernales, sus momentos de tentación y de salvación, sus experiencias válidas y sus falsificaciones, tal como los tiene nuestro mundo; pero seguiría siendo un mundo más amplio a fin de cuentas.

Tendríamos que utilizar sus experiencias seleccionándolas, subordinándolas y sustituyéndolas tal como es nuestra costumbre en este mundo naturalista ordinario; estaríamos expuestos al error tal como lo estamos ahora; sin embargo, la incorporación de ese mundo más amplio de significados, y el trato serio con él, podrían ser, a pesar de toda la perplejidad, etapas indispensables en nuestra aproximación a la plenitud definitiva de la verdad.

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