desde su hábitat y centro propios.
Cuando digo «alma», no es necesario que me tomes en sentido ontológico a menos que lo prefieras; pues aunque el lenguaje ontológico es instintivo en tales asuntos, los budistas o los humianos pueden describir perfectamente los hechos en los términos fenoménicos de su preferencia.
Para ellos, el alma es solo una sucesión de campos de conciencia: sin embargo, en cada campo se halla una parte, o subcampo, que actúa como focal, contiene la excitación y desde la cual, como desde un centro, parece tomarse el blanco.
Al hablar de esta parte, aplicamos involuntariamente palabras de perspectiva para distinguirla del resto, palabras como «aquí», «esto», «ahora», «mío» o «yo»; y atribuimos a las otras partes las posiciones «allí», «entonces», «eso», «suyo» o «tuyo», «ello», «no yo».
- Pero un «aquí» puede cambiar a «allí»,
- y un «allí» convertirse en «aquí»,
- y lo que era «mío» y lo que era «no mío» cambian de lugar.