hubiera sido el factor potente en ese caso, nunca volví a obtener ningún resultado tan llamativo o tan claramente marcado como este que se produjo cuando hice la prueba por primera vez, con poca fe y dudosa expectativa. Es difícil poner toda la evidencia en un asunto así en palabras, reunir en una declaración clara todo aquello en lo que uno basa sus conclusiones, pero siempre he sentido que tenía pruebas abundantes para justificar (para mí, al menos) la conclusión a la que llegué entonces, y que desde entones he mantenido, de que el cambio físico que se produjo en ese tiempo fue, primero, el resultado de un cambio obrado dentro de mí por un cambio de estado mental; y, segundo, que dicho cambio mental no fue, salvo de un modo muy secundario, provocado por la influencia de una imaginación excitada o de una sugestión conscientemente recibida de tipo hipnótico. Por último, creo que este cambio fue el resultado de recibir telepáticamente, y en un estrato mental situado muy por debajo del nivel de la conciencia inmediata, una actitud más sana y enérgica, recibiéndola de otra persona cuyo pensamiento se dirigía hacia mí con la intención de impresionarme con la idea de esta actitud. En mi caso, la enfermedad era claramente lo que se clasificaría como nerviosa, no orgánica; pero por las oportunidades que he tenido de observar, he llegado a la conclusión de que la línea divisoria que se ha trazado es arbitraria, ya que los nervios controlan las actividades internas y la nutrición del cuerpo en su totalidad; y creo que el sistema nervioso central, al iniciar e inhibir centros locales, puede ejercer una vasta influencia sobre la enfermedad de cualquier clase, si se logra poner en juego. A mi juicio, la cuestión es simplemente cómo ponerlo en juego, y creo que la incertidumbre
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Caso I
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