a todas las formas bellas, y de las formas bellas a las acciones bellas, y de las acciones bellas a las nociones bellas, hasta que a partir de las nociones bellas llega a la noción de la Belleza absoluta, y al fin conoce lo que es la esencia de la
En nuestra última conferencia tuvimos un atisbo de la manera en que un escritor platónico como Emerson puede tratar la divinidad abstracta de las cosas, la estructura moral del universo, como un hecho digno de adoración. En esas diversas iglesias sin Dios que hoy se extienden por el mundo bajo el nombre de sociedades éticas, tenemos una adoración similar de lo divino abstracto, de la ley moral creída como un objeto último. La «ciencia», en muchas mentes, está ocupando genuinamente el lugar de una religión. Cuando esto es así, el científico trata las «Leyes de la Naturaleza» como hechos objetivos que deben ser reverenciados. Una brillante escuela de interpretación de la mitología griega sostendría que, en su origen, los dioses griegos no eran más que personificaciones semimetafóricas de aquellas grandes esferas de ley abstracta y orden en las que se descompone el mundo natural —la esfera del cielo, la esfera del océano, la esfera de la tierra y otras similares—; así como incluso ahora podemos hablar de la sonrisa de la mañana, el beso de la brisa o la mordedura del frío, sin querer decir realmente que estos fenómenos de la naturaleza lleven en verdad un rostro humano.
En cuanto al origen de los dioses griegos, no necesitamos por el momento buscar una opinión. Pero toda la serie de nuestros ejemplos nos conduce a una conclusión más o menos así: es como si hubiese en la conciencia humana un sentido de realidad, un sentimiento de presencia objetiva, una percepción de lo que podemos llamar “algo allí”, más profundo y más general que cualquiera de los “sentidos” especiales y particulares mediante los cuales la psicología corriente supone que se revelan originariamente las realidades existentes. Si esto fuera así, podríamos suponer que los sentidos despiertan nuestras actitudes y