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nydus/The Varieties of Religious ExperiencePublic
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Conferencia IX

dije: Señor, no merezco esta felicidad, o palabras en ese sentido, mientras que una corriente (de la sensación del aire) entró en mi boca y en mi corazón de un modo más perceptible que el de beber cualquier cosa, la cual continuó, según pude calcular, durante cinco minutos o más, y parecía ser la causa de tal palpitación en mi corazón. Se apoderó por completo de mi alma, y estoy seguro de que le rogué al Señor, en medio de aquello, que no me diera más felicidad, pues me parecía que no podía contener lo que ya había recibido. Mi corazón parecía a punto de estallar, pero no se detuvo hasta que sentí que estaba indeciblemente lleno del amor y la gracia de Dios. Entre tanto, mientras experimentaba esto, acudió a mi mente un pensamiento: ¿qué puede significar?; y de repente, como para responderlo, mi memoria se aclaró extraordinariamente, y me pareció tal cual que el Nuevo Testamento estuviera abierto ante mí, por el octavo capítulo de Romanos, y tan claro como si sostuvieran una vela encendida para que yo leyera los versículos 26 y 27 de dicho capítulo, y leí estas palabras: “El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad con gemidos indecibles”. Y todo el tiempo que mi corazón estuvo latiendo, me hizo gemir como a una persona en angustia, lo cual no era muy fácil de detener, aunque no sentía dolor alguno, y mi hermano, que estaba en la cama en otra habitación, vino y abrió la puerta, y me preguntó si me dolía una muela. Le dije que no, y que se volviera a dormir. Intenté parar. No sentía deseos de irme a dormir yo mismo, tan feliz estaba, temiendo perderlo⁠—pensando para mis adentros > > Y mientras yacía reflexionando, después de que mi corazón dejó de latir, sintiendo como si mi alma estuviera llena del Espíritu Santo, pensé que tal vez habría ángeles rondando mi lecho.

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