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nydus/The Varieties of Religious ExperiencePublic
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Conferencia I: Religión y neurología

Nadie puede pretender ni por un momento que, en lo que respecta a la sagacidad y capacidad espirituales, la mente de Fox no estuviera sana. Todos los que lo trataron en persona, desde Oliver Cromwell hasta los magistrados de condado y los carceleros, parecen haber reconocido su poder superior. Sin embargo, desde el punto de vista de su constitución nerviosa, Fox era un psicópata o détraqué de la peor especie. Su Journal abunda en anotaciones de este tipo:⁠—

“Mientras caminaba con varios amigos, levanté la cabeza y vi tres agujas de iglesias, y me hirieron de muerte. Les pregunté qué lugar era ese. Me dijeron: Lichfield. Inmediatamente me vino la palabra del Señor de que debía ir allí. Al llegar a la casa a la que nos dirigíamos, les pedí a los amigos que entrasen en ella, sin decirles nada acerca de adónde tenía que ir. Tan pronto se hubieron ido, me aparté y marché a ojo, cruzando setos y zanjas, hasta quedar a una milla de Lichfield; donde, en un gran campo, unos pastores cuidaban de sus ovejas. > > Entonces el Señor me mandó que me quitara los zapatos. Me quedé inmóvil, pues era invierno; pero la palabra del Señor era como un fuego dentro de mí. Así pues, me quité los zapatos y se los dejé a los pastores; y los pobres pastores temblaron y se quedaron asombrados. Luego caminé como una milla y, tan pronto hube entrado en la ciudad, la palabra del Señor me vino de nuevo, diciendo: Clama: «¡Ay de la sangrienta ciudad de Lichfield!». Así que fui de un lado a otro por las calles, clamando con voz fuerte: ¡Ay de la sangrienta ciudad de Lichfield! > > Como era día de mercado, entré en la plaza del mercado, y fui de acá para allá por sus diferentes partes, y me detenía, clamando como antes: ¡Ay

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