—Es esa sonrisa idiota la que tiene la culpa de todo —pensó Stepán Arkádivitch.
«—Pero ¿qué se puede hacer? ¿Qué se puede hacer? —se dijo desesperado, y no encontró respuesta».
—Es esa sonrisa idiota la que tiene la culpa de todo —pensó Stepán Arkádivitch.
«—Pero ¿qué se puede hacer? ¿Qué se puede hacer? —se dijo desesperado, y no encontró respuesta».