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nydus/FlightPublic
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I

—¿Te enteraste de lo de esa tal Lizzie Stone? —le preguntó a la señora Plummer.

—¿No me digas? —exigió saber con incredulidad cuando la señora Plummer admitió avergonzada que no.

La posesión de un jugoso chisme que aún no había llegado a los oídos de su amiga hizo que la escuálida complexión de la señora King se inflara con orgullosa importancia—. ¡Pero si mujer, si está por todo el pueblo!

“Siempre me pareció una muchacha muy buena, cristiana, tan tranquila y respetable...”

—Mis’ Plummer, esos son los mismísimos que te engañan nueve de cada diez veces; van a la iglesia y son más buenos que el pan a plena luz del día, pero andan metidos a escondidas en toda clase de diabluras.

Las orejas de la señora Plummer parecían estirarse fuera de su cabeza en su afán por enterarse de las faltas de Lizzie Stone.

—Cuéntame qué ha hecho. Ya sabes que tengo el corazón mal y el médico me dijo que no aguantaba muchas emociones —suplicó.

—Conoces a Jerry Reed, ¿el que dirige la Real Orden Unida de los Segadores Celestiales?

—Pues claro que sí, ¿o es que acaso no soy miembro de la Auxiliar de Damas?

—Mire, señora Plummer, yo no soy de esas mujeres inútiles que andan por el pueblo metiéndose en los asuntos ajenos; yo me quedo en mi casa y miro por lo mío.

—Es que usted no lo hace, señora King... Todo el mundo sabe que usted no chismorrea. Pero ¿qué han estado haciendo Lizzie y Jerry Reed?

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