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XIV

Ella protestó enérgicamente contra su propuesta. Estaba agradecida, tan agradecida que se le asomaban las lágrimas a los ojos. Pero, al llegar tan de inmediato tras su confesión de pobreza, aquello sabía demasiado a caridad, y no quería, no podía permitirlo.

—Bueno, que sea como quieras —concedió al fin—. Pero no te apresures.

La conmovió su amabilidad. Él se marchó apresuradamente. Cuando ya se había ido, le vinieron a la mente una docena de frases de agradecimiento, atormentándola el haber estado demasiado aturdida por su generosidad como para pensar en ellas antes de que se marchara.⁠ ⁠…

Como si el Destino se avergonzara de los golpes que le había propinado, a Mimi le surgieron varios trabajos lucrativos durante las cuatro semanas que Jean estuvo en el hospital.

Uno de ellos duró más de una semana: la confección del ajuar de una muchacha perteneciente a una de las familias de color de la vieja Filadelfia. Ella nunca supo que había sido recomendada por el Dr. Newton, pero el dinero que ganó le permitió no solo pagar la factura del hospital, sino también saldar una parte de la deuda que tenía con la señora Williams.

Ahora que Jean estaba fuera de peligro y bien encaminado hacia su recuperación, Mimi trabajaba con una canción en el corazón y la feliz convicción de que sus días más oscuros habían quedado atrás. Y cuando él regresó del hospital, ella le compraba pequeñas cosas para su entretenimiento: juguetes, juegos, delicados trozos de los alimentos que le estaba permitido comer.

Tenía envidia de todo aquello que la separaba de él aunque fuera por poco tiempo; le reprochaba a las horas el tiempo que pasaban durmiendo, pues sentían que lerobaban tantos momentos de conocimiento consciente y de contacto con él.

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