suplicó hasta la hora de la partida que se casara con Carl, pero la determinación de Mimi se hacía más fuerte con cada súplica. Mientras el tren serpenteaba a través del laberinto de vías y avanzaba resoplando hacia el norte por las desnudas colinas rojas de Georgia, miraba por la ventanilla del vagón con la sensación de que había cerrado definitivamente las páginas del primer libro de su vida. Miró fijamente el paisaje que oscurecía mucho después de que se encendieran las luces del vagón, y se preguntó qué estaría escrito en las páginas de ese segundo libro cuya cubierta estaba levantando ahora. …
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XII
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