La señora Crosby ignoraba por completo las alusiones o comparaciones irrespetuosas que sus amigos hacían a sus espaldas. Pero incluso aquellos que veían más allá del aspecto ridículo, en lo más hondo de su sencilla alma, no podían reprimir la diversión ante el espectáculo que ofrecía. Ni siquiera sus amigos más íntimos se Atrevían a insinuar que era algo distinta a la criatura imponente, jovial y entrañable que ella misma creía ser.
Encargado el almuerzo, de trufas y sopa y dulces y «tan solo una miaja de chuleta —no, garsong, es mejor que me traiga dos chuletas, porque estoy famélica»—, la señora Crosby comenzó a someter a la aprobación de Mimi las cosas que había reunido gracias a la moderna lámpara de Aladino que representaba la chequera de su marido. Statuettes [estatuillas] y encajes «genuinos», óleos y dibujos, por lo general de tiernas escenas de amantes paseando por boscosos vergeles o besándose torpemente bajo árboles de aspecto imposible, baratijas de todo tipo y pelaya diseñadas por